
Abrió la puerta y se quedó muy quieta, con la esperanza de que algo bueno sucediese antes de entrar en casa. Silencio. Frío. Vacío. La radio del 4ºC voceando goles.
Mientras dejaba las llaves en el aparador se miró en el espejo forzando la sonrisa. Se dio tanta pena que no pudo evitar escupir por los ojos.
Se sentía más pesada que durante la mañana, como si hubiesen metido piedras poco a poco en sus bolsillos. Guardaba tantos sentimientos encontrados...Quien diga que no pesan, miente.
Para aligerar carga, se quitó la ropa muy deprisa y dejó correr el agua hasta quemarse. Solo entonces puso el tapón y se dio cuenta de sus pies helados. Se sentó en el borde de la bañera con las piernas juntas, posando únicamente las puntas de los dedos sobre el azulejo.
Completamente sumergida se sentía más segura.Una costumbre infantil para no existir, aunque solo durase unos segundos.
Estiró la mano para alcanzar su viejo pato de goma, a la vez que recordaba cuánto habían jugado juntos. De un tiempo para acá, las cosas no eran tan fáciles,ni siquiera fáciles a secas.
- Ahora ya estamos igual - dijo lanzando su cabeza contra la pared.
Escuchando--> "Bajo la lluvia". Señor Quique González. (Por su increible letra. Por su aplastante sentimiento)